Cuando poner límites da miedo

«Sí, claro.» Y en cuanto lo dices, te arrepientes.

No querías hacerlo. Estás cansado, no te apetece, tienes otras cosas que hacer o, simplemente, esta vez querías decir que no. Pero vuelves a decir que sí. Y mientras la otra persona se queda tranquila, tú te quedas con esa pequeña sensación de enfado contigo mismo: «Otra vez. Otra vez he hecho algo que no quería hacer.»

¿Te suena?

¿Por qué nos cuesta tanto poner límites?

A muchas personas les cuesta poner límites. No porque no sepan lo que quieren, sino porque decir que no puede dar miedo. Miedo a decepcionar, a incomodar, a que alguien piense que somos egoístas, a no sentirnos queridos o a dejar de ser esa persona que siempre está ahí para los demás.

Y entonces aprendemos a ceder. A adaptarnos. A tragarnos lo que pensamos. A hacer un esfuerzo más. A decir «no pasa nada» cuando sí pasa.

Hasta que un día nos damos cuenta de que llevamos tanto tiempo intentando que los demás estén bien que ya casi no sabemos preguntarnos qué necesitamos nosotros.

Y lo curioso es que muchas veces aquello que tanto miedo nos da no está fuera, sino dentro. No es necesariamente que los demás no vayan a aceptarnos si ponemos límites; es que nosotros tenemos miedo de lo que pueda significar hacerlo. Miedo a sentirnos culpables. Miedo a parecer malos. Miedo a dejar de ser necesarios. Miedo, incluso, a descubrir que también tenemos derecho a elegirnos.

Porque cada vez que dices que sí queriendo decir que no, quizá estás evitando decepcionar a alguien. Pero hay alguien a quien sí puedes estar decepcionando: a ti.

Y eso, con el tiempo, pesa.

Qué cambia cuando aprendes a decir que no

Pero ocurre algo cuando empiezas a hacerlo. Empiezas a comprobar que puedes decir que no y seguir siendo querido. Que puedes no estar disponible y seguir formando parte de la vida de los demás. Que puedes expresar lo que necesitas sin que eso te convierta en una persona egoísta.

Y, poco a poco, algo cambia.

Quizá los demás empiezan a conocerte de una manera más auténtica. Quizá tus relaciones se vuelven más claras. Pero, sobre todo, empiezas a mirarte de otra manera.

Porque hay una diferencia enorme entre esperar que los demás respeten tus límites y aprender tú a respetarlos.

Y quizá ese sea el verdadero comienzo.

Si te sientes identificado/a, podemos ayudarte: aprender a poner límites también es aprender a cuidar de ti. En la clínica lo trabajamos dentro de la terapia de ansiedad y autoestima en Valladolid, de forma presencial u online.

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