Cuando las vacaciones no son como esperábamos: expectativas, frustración y salud mental

Llega el verano y pensamos que, por fin, vamos a descansar.

Imaginamos días tranquilos, tiempo para nosotros, planes en familia, viajes, desconexión… Parece que las vacaciones deberían ser sinónimo de bienestar.

Pero no siempre ocurre así.

A veces llegan las vacaciones y seguimos cansados. O aparecen discusiones, irritabilidad, preocupaciones, sensación de vacío o incluso tristeza. Y entonces puede surgir una pregunta: «Si estoy de vacaciones, ¿por qué no me siento bien?»

Cuando parar nos permite escucharnos

Durante el año vivimos rodeados de responsabilidades: trabajo, familia, horarios, obligaciones… Muchas veces seguimos adelante sin demasiado tiempo para preguntarnos cómo estamos.

Cuando llega el verano y el ritmo disminuye, algunas emociones que estaban en segundo plano pueden hacerse más presentes. Puede aparecer una preocupación que habíamos aparcado, un conflicto de pareja que no habíamos atendido o simplemente el cansancio emocional acumulado.

No significa que las vacaciones nos hagan sentir peor. A veces simplemente nos permiten darnos cuenta de cómo estamos realmente.

La presión de tener que disfrutar

También existe una cierta presión por disfrutar. Parece que las vacaciones tienen que ser especiales: viajar, hacer planes, aprovechar cada día, compartir momentos inolvidables…

Y las redes sociales pueden aumentar todavía más esta sensación. Vemos viajes, familias felices y momentos aparentemente perfectos y podemos terminar comparándolos con nuestra propia realidad.

Pero unas vacaciones reales también incluyen cansancio, imprevistos, discusiones, aburrimiento y días en los que simplemente no ocurre nada. Y eso también está bien.

Las vacaciones y las relaciones

Pasar más tiempo juntos también puede hacer visibles algunas dificultades. Durante el año, el trabajo, los horarios y las responsabilidades ocupan gran parte de nuestro tiempo. En vacaciones desaparecen algunas de esas distracciones y podemos encontrarnos de frente con aquello que no estaba funcionando.

Las vacaciones no necesariamente crean los problemas de pareja o familiares. A veces simplemente hacen más evidente aquello que ya necesitaba ser atendido.

Quizá no necesitamos unas vacaciones perfectas

No necesitamos aprovechar cada día. No necesitamos estar felices todo el tiempo. No necesitamos convertir cada momento en un recuerdo extraordinario.

A veces descansar significa dormir, pasear, leer o simplemente no hacer nada. Y otras veces significa reconocer que estamos cansados emocionalmente y permitirnos parar.

Este verano podemos preguntarnos: ¿Cómo estoy realmente? ¿Qué necesito y llevo tiempo ignorando? ¿Estoy descansando o simplemente cambiando unas obligaciones por otras?

No siempre necesitamos encontrar respuestas inmediatamente. A veces, empezar a escucharnos ya es una forma de cuidarnos.

Las vacaciones no tienen la obligación de hacernos felices. Pueden ser tranquilas, caóticas, emocionantes, difíciles o un poco de todo. Quizá no se trate de conseguir unas vacaciones perfectas, sino de permitirnos vivirlas de una manera más real.

Porque descansar no consiste únicamente en dejar de trabajar. También puede significar dejar de exigirnos estar bien todo el tiempo.

Y quizá este verano podamos regalarnos algo sencillo: bajar el ritmo, escucharnos y permitirnos estar como estamos.

Si te reconoces en algo de lo que has leído y quieres hablarlo con calma, en la clínica trabajamos psicología para adultos en Valladolid.

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